Aproximación a un canon feminista multicultural

 
1. HACIA UN 'UNIVERSALISMO INTERACTIVO'

La elaboración de un canon feminista multicultural es una tarea indispensable para implementar una agenda feminista global que se haga cargo de las relaciones de las mujeres y la globalización, así como de la problemática planteada por las posiciones multiculturalistas. Pero es, al mismo tiempo, una tarea delicada tanto en el nivel de la teoría, como en el de la política feminista. Nos plantea problemas tan complejos como el de la definición misma de feminismo en un mundo global y multicultural, así como el de los parámetros conceptuales en que una caracterización tal viene a moverse. Por todo ello, abordaremos en primer lugar la cuestión del marco interpretativo desde el cual cobra sentido hablar de feminismo -o feminismos: no prejuzgamos todavía-. Ya en una primera aproximación se nos revela cuáles van a ser, respectivamente, la Escila y la Caribdis entre las que lo que entendemos por feminismo va a tener que navegar. Identificaremos, así como la Escila, la posición del multiculturalismo: vale como feminismo lo que en el interior de cada cultura se tenga a bien asumir como tal. Enfrente, Caribdis se alzaría con la pretensión de que el feminismo es un producto de Occidente, de donde se deriva que cualquier fenómeno social que aparezca en otras latitudes con perfiles análogos es el mero producto de una mímesis y no ha podido ser sino inducido.

Pues bien, tendremos que vadear a Escila si es que no queremos estar carentes de todo criterio a la hora de identificar y valorar lo que dé en presentarse con la etiqueta de feminismo. Los fundamentalismos islámicos estigmatizan el feminismo como made in Occident a la vez que pueden presentarse como "los verdaderos feministas" por ser quienes protegen de veras la dignidad de las mujeres. De sus filas emergen líderes femeninas que, como Evita Perón —mutatis mutandís-, se dedican a arengar a las mujeres desde el espacio público para convencerlas de la conveniencia de que permanezcan en el privado, lugar excelso para realizar su naturaleza femenina. Siempre es sospechoso hacer preceder de "el verdadero" una determinada denominación, que tiene ya un significado establecido, por parte de determinados grupos sociales que se quieren desmarcar de él a la vez que lo resignifican de ese modo: en la época de Franco se hablaba de "la verdadera democracia", así como de la "democracia orgánica", y también tenemos un "feminismo católico". Así pues, prima facie, no parece una buena cosa la carencia de criterios para discernir qué cosa sea el feminismo.

 
Pero, del otro lado, nos encontramos con Caribdis y su pretensión de monopolizar el hecho y la definición del feminismo. Si Escila representa el multiculturalismo, Caribdis se asocia al etnocentrismo occidental: el feminismo lleva impreso su sello y va íntimamente unido a la modernidad -occidental, lo que sería así una redundancia-. Sophie Bessis, en su libro El Occidente y los otros [1], critica a las feministas occidentales por adoptar actitudes totalitarias y/o paternalistas con los movimientos de las mujeres de "los Sures", lo que revela su pertenencia a "la cultura de la supremacía". Sin embargo, las feministas estamos en una inmejorable posición para comprender los planteamientos de Sophie Bessis. Como ella, valoramos las abstracciones dotadas de virtualidades universalizadoras porque representaron la plataforma histórica de nuestras vindicaciones: la ciudadanía, la individualidad, la condición de sujeto/a. También como ella, hemos hecho la experiencia de cuánto de fraudulento había en estos universales, definidos como lo genéricamente humano, a la vez que eran usurpados por los varones, que los modularon a su medida. Esta segunda fase de nuestra experiencia corresponde a la crítica al androcentrismo.

 
En muchos aspectos, esta crítica es isomórfica a la crítica del etnocentrismo occidental, que define por una parte los universales ilustrados a la vez que, por otra, los utiliza de acuerdo con sus intereses particulares. Tanto el androcentrismo como el etnocentrismo son pregnantes ejemplos de lo que la teórica política Seyla Benhabib llama "universalidad sustitutoria", que cubre subrepticiamente una "particularidad no examinada". A esta universalidad fraudulenta le contrapone el ideal de un "universalismo interactivo", dotado de potente capacidad de sugerencia en el diseño del marco teórico para el que querríamos aportar algunos elementos de reflexión.

 
De acuerdo con Sophie Bessis, el hecho de que las universalidades generadas por Occidente resulten ser "universalidades sustitutorias" no implica para nada que sea deseable sustituir las universalidades. Todo lo contrario: como hicimos -y lo seguimos haciendo- las feministas, de lo que se trata es de lograr que realmente lo sean, interpelándolas por su incoherencia. Denunciando que sus virtualidades universalizad oras se frustren porque resulten ser solapadas por las lógicas hegemónicas de las potencias occidentales. En cualquier caso, la autora de Las emergencias del mundo: economía, poder y alteridad [2] dista mucho de ver una alternativa deseable en los planteamientos multiculturalistas. Desde su punto de vista, los partidarios de la teoría de la diferencia-que afirman la equivalencia innegociable de todas las culturas pero pretenden momificarlas al decretar su impermeabilidad y hermetismo- y los de la superioridad de los valores occidentales -que ven en los otros ejemplos imperfectos de sí mismos y en la imitación el único medio que los otros tienen de mejorar-no están tan lejos. A1 sacralizar las culturas dominadas en nombre de la protección de la autenticidad, o al confirmar al otro inasimilable a una alteridad irreductible, asignan a este último la idea que se hacen del mismo y lo fijan en una identidad que no puede modificar. El otro, viendo cómo se le prohíbe la producción de cultura, es decir, la innovación, queda reducido a no ser más que un producto de su cultura.
 
Entre estas dos versiones de una misma asignación de identidad -la atribución de una barbarie cuyo estatuto histórico se rechaza considerar y la sacralización de todo lo que implica la tradición, incluso lo inaceptable---, no hay lugar para otro en movimiento cuando se adopta la perspectiva universalista de la igualdad, "el punto de vista diferencial, tanto como los falsos universalismos que combate, cierra... a los otros cualquier vía de acceso a un universalismo reconstruido con ellos". Bessis apuesta de este modo por "el universalismo interactivo". Por nuestra parte, nos sumamos a su apuesta en orden a seleccionar criterios pertinentes para la elaboración de un canon feminista multicultural. Un canon tal no se asemeja en nada a 1o que pudiera ser un canon feminista multiculturalista. No puede asemejarse en nada porque el o los feminismos no son una planta que pueda arraigar y crecer en cualquier terreno. El feminismo es un producto de la modernidad y de lo que consideramos aquí su proyecto normativo: la Ilustración. 0 las l lustraciones, porque muy bien podría ocurrir que hubiera más de una: volveremos sobre ello.


Por Celia Amorós
Fuente: Mujeres en Red



Post Scriptum :Celia Amorós nació en Valencia en 1944. Es catedrática y profesora de Filosofía y Filosofía Moral y Política de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Investigadora en el Centro de Estudios de Género del Instituto Universitario de Investigación. Entre sus obras figuran: Ideología y pensamiento mítico (1973), Mujer, participación y cultura política (1990), Historia de la teoría feminista (1994), Feminismo y Filosofía (2000), Feminismo, globalización y multiculturismo (2005), Teoría feminista: de la Ilustración a la globalización (editora junto a Ana de Miguel) y La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias... para las luchas de las mujeres. Premio Nacional de Ensayo 2006

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